Sostenibilidad
Ventilación forzada. ¿Qué es? ¿Para qué sirve?
Detalles
Autor:
Olalla Gonzalo Marcos
CEO y directora de proyectos
Fecha:
10 de marzo de 2025
Última actualización:
10 de marzo de 2025

El término sistema de ventilación suele asociarse con grandes espacios de alta ocupación, como oficinas, tiendas o gimnasios, donde la normativa específica exige garantizar una adecuada calidad del aire. Sin embargo, en el ámbito residencial, la ventilación ha sido tradicionalmente natural, confiando en la simple apertura de ventanas para renovar el aire interior.
Desde 2006, el Código Técnico de la Edificación (CTE) establece una regulación específica para asegurar la calidad del aire en viviendas. A través de su Documento Básico de Salubridad, se definen los requisitos técnicos y las condiciones de diseño y dimensionado de los sistemas de ventilación en viviendas. Este marco normativo busca garantizar que incluso en entornos residenciales se cumplan los estándares necesarios para la salud y el confort de sus ocupantes.
Pero primero. ¿Porqué queremos ventilar?
La ventilación es fundamental para reducir la concentración de CO2 generado por el metabolismo de las personas. Además, ayuda a eliminar la humedad acumulada, especialmente en áreas como baños y cocinas, causadas por actividades como higiene, lavado y secado de ropa. También es esencial para evacuar los vapores, humos y olores provenientes de la cocina, así como para eliminar otros contaminantes no vinculados directamente a la presencia humana.
La normativa exige que la ventilación sea híbrida o mecánica, rechazando la opción de depender exclusivamente de la ventilación natural. Ya no es suficiente con abrir las ventanas durante unos minutos. El aire debe circular de los espacios secos a los húmedos, lo que implica que comedores y dormitorios deben contar con aberturas de admisión (ventanas). Por su parte, los baños, aseos, cocinas y lavaderos deben tener aberturas de extracción conectadas a conductos de extracción, los cuales deben incorporar un motor mecánico para asegurar que el aire sea evacuado de manera eficiente.
Esa pequeña rendija en la parte inferior de la puerta, aunque pueda resultar molesta, cumple una función importante. Actúa como un canal para permitir la circulación del aire entre los espacios secos y húmedos cuando las puertas están cerradas. Aunque por ella pueda pasar algo de luz, recuerda que, al final, este pequeño detalle contribuye positivamente a la salud de todos.
¿En qué consiste la ventilación forzada?
Tradicionalmente, la única forma de ventilación forzada instalada en las viviendas era la extracción de aire de los cuartos húmedos, como la cocina o el baño. Este sistema expulsa el aire viciado hacia el exterior mediante extractores, mientras que la entrada de aire fresco se realiza de manera pasiva, a través de rejillas o aberturas en las paredes o ventanas. Sin embargo, en los últimos años, este sistema ha sido mejorado mediante la implementación de la ventilación de doble flujo, que no solo extrae el aire contaminado, sino que también introduce aire fresco desde el exterior, generando un flujo continuo que asegura la renovación del aire en el interior de la vivienda.
Existen versiones simples de este sistema, que activan el motor a intervalos regulares, y otras más avanzadas, que ajustan su funcionamiento según la calidad del aire, activándose únicamente cuando es necesario. Los sistemas más sofisticados incluyen un recuperador de calor, que precalienta el aire exterior antes de que entre al interior, de modo que la vivienda no pierda temperatura y se reduzca la demanda energética, resultando en un ahorro a medio plazo.
Con el creciente énfasis en los estándares de eficiencia energética, la ventilación forzada se ha convertido en un componente esencial de las viviendas actuales. Estas, diseñadas para minimizar las pérdidas térmicas, requieren sistemas de ventilación que permitan la renovación del aire sin afectar ni el confort ni el consumo de energía.
En definitiva, la ventilación forzada no solo contribuye a mejorar la calidad del aire y la salud de los ocupantes, sino que también juega un papel crucial en la sostenibilidad de las viviendas, siendo una solución clave para afrontar los desafíos de la eficiencia energética y la habitabilidad en la arquitectura actual.